La escritura, una creativa solución

Publicado el : 07/02/2017
Autor: UNIS

Por: Diego Lima, estudiante de Derecho

 

La profesión del abogado, a lo largo de los tiempos ha ido evolucionando. No somos los mismos juristas de la antigua Roma que hacían del derecho un arte, ars iuris; ya que ahora nos hemos convertido como una especie de pulpo que sostiene un gran pesos sobre sus hombros. Tenemos el gran deber de organizar a la sociedad, defender los intereses de los individuos, crear leyes, juzgar actos delictivos y hasta incluso nos han dado la facultad de realizar casamientos civiles.

Sin duda alguna, la labor del abogado del siglo 21 ha cambiado. El campo jurídico se ha extendido de una manera muy impresionante, lo cual es algo muy bueno, pero tenemos que estar conscientes que entre más oportunidades labores existan para un abogado, muchas más responsabilidades van a existir para ellos. Ahora lanzó la pregunta ¿será que los juristas de hoy en día, tienen presente las grandes responsabilidades que poseen? La respuesta es muy sencilla, solo dirijámonos al periódico local y vamos a ver a jueces siendo procesados por delitos y abogados corruptos que mienten y que dañan a la sociedad.

Está muy claro que el valor de la responsabilidad se ha ido perdiendo en el campo jurídico, y por lo tanto ha dañado la imagen del abogado, no hace falta mencionar la denigrante denominación de “abogansters”, que tanto desprestigio le ha causado a los verdaderos juristas de este siglo. Pero ¿por qué se ha dado esto? Si actualmente poseemos un sinfín de herramientas innovadoras, tecnologías y mucho más sabiduría escrita que lo juristas romanos tenían en su época; y ellos sí lograron perfeccionar el derecho hasta convertirlo en una auténtica arte.

Lo que quiero demostrar es la necesidad social que tenemos de hacer al derecho un arte. Si los antiguos romanos solo necesitaron de una mente racional, yo creo que en la actualidad lo único que necesitamos son juristas enfocados moralmente, un papel y un lápiz. Sin duda alguna considero que la solución está en la escritura, yo sé que suena un poco extraño, ya que muchos estarán pensando que la verdadera solución se encuentra en un reforzamiento de la ética jurídica, lo cual no es mala idea, pero sé por experiencia propia que no todos los abogados son malos, es más, existen muchos verdaderos juristas actualmente que lo único que necesitan es jalar una pluma y simplemente escribir.

La mente de un abogado moderno está (o debería de estar), llena de conocimientos intelectuales, desde filosofía, economía, historia y hasta incluso política, solo observemos el excelente pensum, tan variado y rico en conocimientos que posee la facultad de derecho de la Universidad del Istmo. ¿Ahora, solo imagínense como será si ese abogado lograra plasmar sus ideas en papel? Escribiendo sobre acontecimientos actuales, aportando nuevas ideas para reformar y fortalecer el ordenamiento jurídico de Guatemala, opinando sobre hechos relevantes de trascendencia y asumiendo un rol activo en la literatura jurídica de Guatemala. El abogado es el profesional que tiene el conocimiento más completo para brindar soluciones a los problemas jurídicos latentes del país; solo necesita escribir y difundir dichos pensamientos, para que las nuevas generaciones en las diversas facultades de derecho puedan leer los escritos de un guatemalteco y aprender que realmente, en Guatemala existe un intelecto jurídico fundado en los buenos principios.

No dejemos de un lado el arte de escribir, soy una persona que ama a Guatemala y que tiene la certeza de que el intelecto jurídico de los guatemaltecos es tan bueno como el de John Finnis, Spaemann y Recasens Siches. Estudio en una universidad en donde los catedráticos me han mostrado su gran capacidad mental, que sin duda podrían llegar a escribir libros enteros de derecho. ¿No sería algo muy especial que la mayoría de libros usados en las clases, sean de autores nacionales? Es muy cierto que la imagen del abogado en la sociedad ha ido en decadencia, pero eso no quita el gran poder que tenemos con nuestra mente y una pluma.

Mi deseo más grande es motivar, no solo a los abogados y catedráticos ya constituidos, sino también a todos los estudiantes de derecho de toda Guatemala, a que escriban sus ideas siempre tomando en cuenta los fundamentos y los principios morales. Volvamos a convertir el derecho en un arte, volvamos a escribir….

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