Vida familiar: Mi hijo tiene un trastorno de aprendizaje, ¿cómo puedo ayudarlo?

Publicado el : 14/11/2017
Ana Lucía Rollati de León, Licenciada en Psicopedagogía Clínica y catedrática de la UNIS.

Según el National Center for Learning Disabilities (cuya sede está ubicada en Nueva York), 1 de cada 5 niños en edad escolar, es diagnosticado con un problema de aprendizaje, tal como dislexia, discalculia o déficit de atención. Parte de la labor de un psicopedagogo es transmitir y explicar dichos diagnósticos a los padres de familia. Esto se asevera como una tarea difícil, tanto para el profesional como para los padres, quienes reciben una noticia que cambiará sus vidas.

Para los papás, la situación se torna confusa, y surgen muchas dudas. Se buscan razones, el porqué del problema, y suele aparecer una incertidumbre sobre el futuro. Cuestionarse sobre estos aspectos es totalmente normal, es parte de una especie de duelo que debe llevarse a cabo antes de la aceptación del diagnóstico.

Sin embargo, es importante que los padres comprendan que no hay culpables en el asunto, y que lo que su hijo necesita son distintas herramientas para poder triunfar en la vida. En efecto, se estima que un 80% de los alumnos con problemas de aprendizaje finalizan el bachillerato satisfactoriamente (una cifra casi idéntica comparada con los alumnos regulares).

Entonces, ¿qué pueden hacer los padres de familia para ayudar a su hijo? La primera etapa consiste en, por decirlo de manera figurada, adueñarse del diagnóstico. Nos referimos con esto a una búsqueda para la comprensión de las manifestaciones, causas y tratamientos del trastorno. Esto permite que los padres de familia comprendan de mejor manera las características de su hijo, y en muchos casos, ¡hasta llegar a comprender conductas que antes parecían sin razón!

Gracias a la tecnología, es posible encontrar información amplia: estudios, tesis, videos, hasta blogs de personas que han sido diagnosticadas con el mismo problema de aprendizaje. Otra opción es que los padres se unan a grupos de apoyo o fundaciones relacionadas. Esto permite, además de conocer mejor el trastorno y sus rasgos, conocer otros padres de familia que se encuentran en la misma situación y buscar consuelo y estrategias para seguir adelante.

Posteriormente, viene la fase más difícil y larga: realizar los cambios necesarios en casa y en el centro escolar. Aquí es donde continúa la labor del psicopedagogo: se trata de realizar adecuaciones a las rutinas familiares y escolares para aprovechar las fortalezas del niño, y reforzar sus debilidades.

El psicopedagogo es el profesional que puede dar las pautas para que los padres de familia realicen modificaciones asertivas. Por ejemplo, creando horarios para los chicos con déficit de atención, adecuando los soportes de escritura para los alumnos con disgrafía, o brindando textos adecuados para que la familia lea y comente con el joven con dislexia. Cada familia es diferente y tiene la libertad de crear sus propias adecuaciones.

El paso final es el favorito de los niños: consentirlos. Vale la pena aclarar que no me refiero a la reducción o supresión de reglas o límites establecidos en casa (los límites son los mejores amigos de los niños, aunque ellos no lo sepan). Más bien, me refiero a brindarles un sostén incondicional, un cariño especial, ser una red de apoyo. Se trata de demostrarles que pueden confiar en nosotros, tanto padres como profesionales, para guiarlos al éxito y la felicidad.

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