Equilibrio emocional en tiempos de crisis

Publicado el : 20/04/2021
Autor: UNIS

Aún se duerme con miedo y se despierta angustia, fruto de las noticias que se han visto o escuchado en algún medio de comunicación o red social, esto inevitablemente nos mantiene en alerta, ya que todo está centrado en las medidas que se tomen respecto a la pandemia, las nuevas restricciones o la continuidad de estas, cifras y números que agobian, el impacto mundial que ha causado no solamente en la salud, sino la siguiente más drástica, en la economía mundial (Lozano-Vargas, 2020). 

Desde que ingresamos al buscador de un computador o a las redes sociales más visitadas vemos en primer plano un pequeño mensaje relacionado con la enfermedad, números de emergencia y con un clic se desglosa un sinfín de información. En una búsqueda por el bienestar de las personas y evitar la propagación del virus, se ha desajustado un factor que ha tomado relevancia significativamente en estos momentos: la salud mental

En 2014, la revista Science publicó un experimento que consistía en tomar a un grupo de personas, sentándolas en una habitación aséptica con la tarea de pensar durante 15 minutos. Pasado el tiempo la mayoría rechazó la idea de que la experiencia había sido agradable y que habían presentado dificultades para concentrarse. Luego les ofrecieron lo mismo, con la variable de poder realizar una actividad, eso sí, evitando la comunicación con los demás, esto aumentó significativamente el interés. En una de sus conclusiones mencionaban que a la mente no instruida no le gustaba estar sola (Timothy D. Wilson, 2014 ).  

Nos hemos acostumbramos a la hiperactividad, tener pendientes en la cabeza, ir a hacia un lado o al otro, sin detenernos hasta el punto de querer un día con más de 24 horas. Ahora que nos vemos detenidos, con cambios de circunstancias y rutina, podemos percibir emociones que modifican nuestro comportamiento y pensamiento, muchas veces con una tendencia negativa si no se regulan correctamente. 

Las relaciones interpersonales se han reducido al núcleo familiar, debido a que es el conducto primario de la comunicación por el simple hecho de convivir más tiempo, ocasionando alteraciones a grado intrapersonal. Al ser limitados a socializar se buscan medidas que mantengan en contacto a la persona con su círculo habitual, utilizando en primera mano la mensajería instantánea, llamadas, videollamadas, entre otros. Sin duda alguna, conllevan a apreciar el contacto físico que se solía tener: un saludo, abrazo, observar toda la gesticulación al hablar que complementan considerablemente el mensaje. 

Aunque ya se tengan muchos planes «cuando todo esto termine», es fundamental que actualmente se logre un balance entre las emociones y los sentimientos que en estos momentos se manejan, como la desesperación, nostalgia, frustración, soledad, ambivalencia. Este último, el que nos recalca que ahora tenemos menos justificaciones de tiempo, que podemos aprovechar para desarrollar un talento, alguna habilidad, que es oportunidad de crecer. La importancia de lograr canalizar de forma correcta los estímulos externos y ayudar a que otros cuenten con apoyo, de esto dependerá cómo se gestione nuestro alrededor. 

Algunas claves del éxito en la superación de la crisis son la inteligencia intrapersonal, que es la capacidad de reconocer los propios estados emocionales y poderlos modificar de forma positiva, y la interpersonal, que es la capacidad de entender y relacionarse lo que sucede con la otra persona. Si no se canaliza el miedo, la ira y cualquier otra emoción es difícil progresar, porque actúa conforme dicte la emoción y deja a un lado la cognición, creando un desbalance que afectará el dinamismo en las actividades (Prieto & Hernández, 2011). A continuación, se presentan algunas formas que pueden aportar a desarrollar una inteligencia intrapersonal:

  1. Los pensamientos, emociones y sentimientos que se perciban deben ser identificadas y nombradas, esto puede lograrse mediante la sintomatología que se presente, los factores externos que nos alteran, cómo se percibe la información, si nuestra reacción es positiva o negativa (C. K. Germer, 2005). Reconocer el momento de una introspección, considerar nuestro actuar y criticarlo constructivamente, suele ser una de las etapas complicadas por el conflicto que existe entre el ideal y lo real. Para una mayor seguridad, pedir ayuda con quien sabemos que será objetivo a lo que se desea saber es una buena alternativa. 
  2. Posteriormente, es necesario aceptar lo que sucede a nivel personal, que a lo mejor no se había experimentado de una forma prolongada o se estaba más acostumbrado a otros escenarios. Lo que hay que tomar en cuenta es que prevalece un factor externo que tiene a todas las personas sensibilizadas, causa de esto puede ser la sobreinformación que se ha manejado y las fake news que solamente ocasionan confusión. Las conversaciones deben abarcar otros temas, y que sea el mínimo para hablar de la enfermedad, solamente lo indispensable. 
  3. Ya que se tengan identificadas y aceptadas las emociones, se añade una regulación, con el fin de que sea proporcional y coherente lo que se manifieste a lo que se piensa. Analizar la situación, comprender su gravedad y abarcar desde un punto de vista objetivo requiere de madurez psicológica, para ello contar con un estado de ánimo en el que no prevalezca la felicidad ni la tristeza, es decir un punto medio para poder meditar. Estar relajados es un indicador de este punto medio, algunos ejercicios de respiración ayudan a alcanzarlo o una focalización cognitiva neutra (Goleman, 1996). 
  4. Recordar las prioridades que nos definen es fundamental para tener un soporte o punto de apoyo en estos momentos, qué o quién nos motiva a mejorar. Se puede realizar una retrospectiva sobre lo que me motivaba hace 5 años, si continúa siendo lo mismo o ha cambiado, preguntarnos si estoy donde había pensado estar. También es importante reconocer nuestras habilidades y defectos, nuestros puntos fuertes y débiles, si me interesa mejorar en algún aspecto buscar los medios, uno eficiente es identificar a un amigo que posea esa habilidad para aprenderla.  
  5. Acudir a nuestros seres queridos o amigos cuando requiramos de apoyo, pues el estar en confinamiento parcial puede generar ansiedad. Interesarnos en temas que nos llamaban la atención pero que no tratábamos puede ser una ocasión oportuna, conocer de astronomía, cultura general, costumbres de otros países, lo que a cada uno interese. De tal manera, que haga más cómodo estar en casa y al mismo tiempo involucrarnos en otros aspectos.  
  6. De igual forma, estar cercanos a quienes podemos creer que se le dificulta gestionar emociones, que requiera de una conversación o apoyo para manejar lo que está sintiendo. No solamente con nuestros familiares, con amigos y compañeros de estudio o trabajo. Quien tenga los medios indispensables para hacer sentir mejor a alguien, hacer que tengan la certeza de que hay alguien al pendiente, no solamente en cuestiones materiales sino fraternales. 
  7. Solo mantener la rutina estanca a la persona, si solo lo reducimos a cumplir lo que debemos es conformismo. Ahora que nos hemos limitado a la socialización es importante regresar a lo más importante, al conocimiento de uno mismo, a replantearse metas, crecer en lo interno, querer encontrar nuestra mejor versión (Vial, 2016). Aunque temporalmente existan límites de locomoción, las capacidades más importantes: libertad de pensamiento, de explotar y encontrar habilidades, de formarnos solamente la limita cada uno con sus acciones o reproches. 

Que la situación que atravesamos no se limite a la vista, por las imágenes o videos que recibimos; que sea cuestión de visión. ¿A dónde vamos a dirigir toda nuestra capacidad? ¿Lo reduciremos a una pandemia o a algo que nos impulsó para crecer, a empatizar, a ser solidarios, a valorar lo que se nos pasa por alto en la rutina? Pensar en lo bueno que saldrá de todo es no perder la esperanza de construirnos ahora

 

Sergio Gisbert Santos

 

Referencias

  1. K. Germer, R. S. (2005). Mindfulnees and psychotherapy. Guildford Press.

Goleman, D. (1996). Inteligencia emocional. Barcelona: Kairós.

Lozano-Vargas, A. (2020). Impacto de la epidemia del Coronavirus (COVID-19) en la salud mental del personal de salud y en la población general de China. Rev Neuropsiquiatr, 51-56.

Maite Garaigordobil, A. P. (2014). Intervención en las habilidades sociales: efectos en la inteligencia emocional y conducta social. Behavioral Psychology, 551-567 .

Organización Mundial de la Salud. (15 de Abril de 2020). Organización Mundial de la Salud. Obtenido de https://www.who.int/es

Timothy D. Wilson, D. A. (2014 ). Just think: The challenges of the disengaged mind. Science, 1-29.

Vial, W. (2016). Cura della salute mentale e spirituale. Madrid: Palabra.

Vigotsky, L. (2004). Teoría de las emociones. España: Akal.

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