Guadalupe, una mujer de sonrisas.

Publicado el : 25/06/2020

Dado a los resultados obtenidos en el semestre pasado, es necesario seguir mostrando la calidad de investigación, expresión y comunicación de los alumnos de Diseño Gráfico. Esta vez, durante el curso impartido por la Inga. Karina de Urrea, la alumna María José Jeréz redactó un ensayo con el objetivo de conocer y analizar la vida de alguna persona que luchó por vivir una vida que trasciende y poderla tomar como ejemplo. Eligió a Guadalupe Ortiz de Landázuri en el ensayo titulado: Guadalupe: una mujer de sonrisas.

Tal y como ella alguna vez lo dijo, Guadalupe tuvo una vida “con los pies en la tierra pero mirando siempre al cielo, para ver más claro lo que pasa junto a nosotros”. Guadalupe Ortiz, es la primera persona laica del Opus Dei en ser beatificada por la Iglesia Católica y su vida es un ejemplo de confianza en Dios, sencillez y alegría, de la cual se puede aprender a encontrar a Dios en las situaciones de la vida cotidiana, la santificación del trabajo, la vida fraterna y también los momentos difíciles. 

Guadalupe Ortiz de Landázuri, nació un 12 de diciembre de 1916 en Malasaña, un barrio en Madrid. Su nombre, hace honor a la fecha de su santo, la Virgen de Guadalupe. Creció siendo la única hija en la casa junto a sus dos hermanos hombres, y ya desde pequeña se notaba en ella dos rasgos característicos en su personalidad: la determinación y valentía. Guadalupe tuvo una infancia que a pesar de encontrarse en contexto de la Guerra Mundial, estuvo siempre rodeada de un ritmo familiar tranquilo y alegre. 

Por el trabajo de su padre, en 1927 la familia se traslada a Tetuán, en África y Guadalupe continúa allí sus estudios en el único colegio católico del lugar, donde la mayoría de sus compañeros eran varones. A lo largo de todos sus estudios, Guadalupe siempre se destacó por sus buenas notas y su sentido de aventura. Al concluir sus estudios, ya de regreso en Madrid, Guadalupe decide estudiar Ciencias Químicas y comenzó la carrera en octubre de 1933, siendo nuevamente de las únicas 5 mujeres en su clase. En su vida universitaria, Guadalupe hizo muchas amistades y estudiaba con mucha ilusión y esfuerzo. Al igual que de pequeña, obtuvo muy buenas notas en todos los cursos de sus primeros años de carrera, que se vieron interrumpidos con la llegada de la Guerra Civil.

En la guerra civil, el padre de Guadalupe, don Manuel, es sentenciado al fusilamiento y tanto ella como su madre y su hermano Eduardo, pasan la última noche con él, dándole palabras de aliento pero sobre todo perdonando a quienes habían dispuesto la condena de su padre. Tras este evento Guadalupe encuentra el valor de la fortaleza y la valentía de cara a los momentos difíciles, en los cuáles se unía más a Dios para encontrar la fuerza y el consuelo que necesitaba.

En 1940, Guadalupe termina la carrera y comienza a trabajar como docente en el colegio de las irlandesas y el Liceo Francés. Es una época de estudio y trabajo para Guadalupe en el que seguía teniendo la misma ilusión y empeño al estudiar acompañada de sus amigas y su madre. A la vez Guadalupe sentía inquietudes sobre su vocación y lo que Dios tenía pensado para ella, pedía en su oración ver una luz que llenara de un sentido más profundo su vida y en 1944 conoce a San Josemaría, fundador del Opus Dei y pide su admisión como numeraria a la obra. Guadalupe emprende esta nueva decisión con un ánimo alegre e inmensa alegría, estaba convencida que encontrar a Dios en las cosas pequeñas del día a día y compartir la alegría de conocer a Dios con los demás era la labor que Dios tenía pensada para ella. Y aunque en algunos momentos, como a todos se le dificultaban algunos aspectos de la vida de piedad, reconocía que lo importante era luchar pidiendole siempre a Dios la fuerza que necesitaba y sobre todo con alegría y serenidad. 

El siguiente año de su admisión, comienza el doctorado en Química y dirige algunos centros del Opus Dei para jóvenes así como una residencia para universitarias impulsadas por el propio San Josemaría. Trabajaba mucho y  las universitarias en la residencia siempre podían encontrar en ella alguien que las motivara a la dedicación en sus estudios y un apoyo en los problemas personales. Gracias a su alegría y disposición, la residencia adquirió rápidamente un clima alegre y muy familiar. 

Guadalupe fue un claro ejemplo de productividad y aprovechamiento del tiempo, y su carácter apasionado le ayudaba a realizar todo lo que hacía durante el día con amor y alegría, disfrutando de todas las tareas que se proponía. Dentro de ese espíritu de laboriosidad a Guadalupe en 1950, San Josemaría le encarga comenzar la labor apostólica de la sección femenina de la Obra en México. Guadalupe recibe la tarea con mucha valentía como siempre, a pesar de que sabía que se enfrentaba a algo sobre lo que no tenía experiencia, estaba contenta al tener la oportunidad de acercar a Dios a las personas con que se encontrara y además encontraba la seguridad por su gran confianza en Dios. 

En sus labores en México, sobre todo realizó proyectos de caridad y educación para las mujeres campesinas en las áreas rurales, lo cual le apasionaba muchísimo. Además ponía en práctica su profesión realizando visitas médicas y proporcionando los medicamentos de forma gratuita a las personas más necesitadas. Guadalupe, en todo este tiempo le agarró un profundo cariño a un país que no era el suyo. En 1958, regresa a Madrid en un congreso de la Obra y San Josemaría le informa que no volverá nuevamente a México, Guadalupe con valor de obediencia, comprende esta decisión y con la misma alegría se dispone a colaborar con la Obra desde Roma. Vuelve a trabajar en la docencia y recibe dos premios importantes en la ciencia por sus investigaciones. Sin embargo, durante estas labores, Guadalupe sufre una lesión cardíaca de la que se recupera en ese momento y continúa con el proyecto de la formación del Centro de Estudios e Investigación de las Ciencias Domésticas. 

En 1975, Guadalupe sufre nuevamente una lesión cardíaca de la cual finalmente, fallece a pesar de la intervención quirúrgica. Sin embargo con la misma serenidad que siempre la caracterizó, Guadalupe acepta la voluntad de Dios en los días que se encontró en recuperación intensiva tras la operación Guadalupe, continuaba transmitiendo la misma alegría de siempre a pesar de las circunstancias. Guadalupe, muere contenta, llegando al cielo el 16 de Julio. 

En lo personal pienso que Guadalupe es un ejemplo de cómo es posible alcanzar la santidad por medio de la lucha en las cosas pequeñas de cada día. Además, ella evidencia como la alegría y la ilusión por todas las tareas que se realizan provienen de la confianza en Dios, ella fue una verdadera amiga de Jesús, que sabía que había que agarrarse de Él, en los momentos difíciles pero sobre todo en la vida diaria para encontrar las fuerzas por luchar. Me impresiona que en la biografía de Guadalupe se relatan los problemas que tenía en los defectos que encontraba en su vida de piedad, y como estos son cosas a las que uno se puede fácilmente identificar, lo que prueba que ser santo, no significa no tener defectos, sino reconocer los puntos de lucha e intentar cada vez más ser mejor por amor a Dios. Y sobre todo utilizar la alegría como “tarjeta de presentación”, que se note que hacemos las cosas por amor a Dios por la ilusión y felicidad con la que las realizamos. Considero que siguiendo el ejemplo de Guadalupe, por medio de sonrisas, podremos compartir mejor la alegría que es estar cerca de Dios, con los demás.

 

Fuentes de consulta: 

 

  1. Beatificación De Guadalupe Ortíz De Landázuri. 1st ed. España: Letragrande.

 

Odnmedia.s3.amazonaws.com. 2019. Guadalupe Ortíz De Landázuri. [en línea] Disponible en: <https://odnmedia.s3.amazonaws.com/files/Infografia_Guadalupe.pdf> [Consultado 14 Mayo 2020].

 

Opusdei.org. 2019. Guadalupe: En Todo, El Amor De Dios. [en línea] Disponible en: <https://opusdei.org/es-gt/article/biografia-de-guadalupe/> [Consultado 14 Mayo 2020].

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